Si quieres desempeñar un papel de liderazgo en tu carrera profesional, hay una habilidad que destaca como la más importante de todas: la presencia ejecutiva y debes evitar sus errores. Sin embargo, a lo largo de mi carrera me he dado cuenta de que muchos de los que aspiran a ser llamados “líderes” no entienden bien qué es la presencia ejecutiva ni cómo desarrollarla. La mayoría de las veces malinterpretan este concepto y, como resultado, puede que nunca se conviertan en el tipo de líder que inspira a los demás a seguirle, ni que invita a los miembros de su equipo a ser la mejor versión de ellos mismos.
Después de escribir sobre cómo practicar la presencia ejecutiva y cómo desarrollar la gravitas necesaria para tener presencia ejecutiva, hoy voy a hablar de los errores más comunes que se cometen. Con esta tríada de artículos deberías poder convertirte en ese líder inspirador, ese mentor que enseña y muestra cómo ser mejor.
¿Qué es la presencia ejecutiva?
Recordemos que la definición original la realizó Sylvia Ann Hewlett en su libro “Executive Presence” y se refiere al conjunto de habilidades relativas a la seriedad o gravitas, las competencia en comunicación y la apariencia de una persona en el entorno profesional.
¿Ofreces respeto y tienes autoridad cuando hablas?, ¿Inspiras a los demás?, ¿Te consideran como alguien capaz y digno de confianza? Si la respuesta es negativa o no sabes no contestas, tu potencial de liderazgo está en horas bajísimas. No podemos definirte como líder. Sin presencia ejecutiva, los demás no te verán como tal, no escucharán tu visión ni confiarán en tu juicio. Harán lo que les dices solamente porque eres su jefe y les pagan, punto.
Por otro lado, si lo que quieres es ascender en la empresa, que piensen en ti cuando quieran realizar un proceso de sucesión, cultivar la presencia ejecutiva es esencial. Pero hay mucha confusión en torno a este término, así que vamos a aclararlo para que puedas desarrollar tu presencia ejecutiva y convertirte en el líder que estás destinado a ser.
En mentor{y}teller, hemos trabajado con líderes y ejecutivos de todo tipo y condición, personas con un potencial y unas habilidades increíbles. Sin embargo, con demasiada frecuencia los he visto caer en hábitos que les impiden que los demás vean su talento de líderes. Estos son los autosabotajes más comunes que he observado.
- Asumir que los logros hablan por sí solos
Aunque un historial de excelencia puede llevarte lejos en tu carrera, no será suficiente para impulsarte a un puesto de liderazgo, a menos que puedas presentarte como un líder. Muchos, y en especial las mujeres, piensan que sus logros les granjearán de forma natural el respeto y el reconocimiento que merecen, pero no es así, a menos que influyas activamente en la percepción que los demás tienen de ti. La presencia ejecutiva consiste en cultivar una marca profesional que refleje tus logros de un modo que irradie confianza. Cuando la gente se entere de tus éxitos, su respuesta debería ser: «Tenemos suerte de tenerte», no «cualquiera (empresa X) que esté contigo tiene una gran suerte».
2. Un líder sabe confiar en sus instintos.
Aunque el uso de datos es crucial para tomar decisiones en el ámbito corporativo, una parte esencial de la presencia ejecutiva es confiar en tu instinto. El instinto no es más que la experiencia anclada en nuestra alma. Aprender a escuchar tu instinto es una habilidad que dura toda la vida, y más difícil aún es aprender a actuar en consecuencia. Cuanto más confíes en ti mismo y en tu intuición, más decidido serás: la decisión es lo que la gente busca en los líderes.
3. Caer en viejos hábitos.
Los hábitos y la mentalidad que te llevaron al éxito en una etapa de tu carrera podrían impedirte progresar al siguiente nivel o peor aún, llegar a cumplir el “Principio de Peter”, en donde la gente asciende hasta su máximo nivel de incompetencia. Si quieres seguir destacando, debes evolucionar continuamente. El liderazgo exige aprendizaje y crecimiento continuos. Los grandes líderes aprenden a prosperar ante los retos, sabiendo que los viejos métodos no siempre funcionan. Adquieren nuevos conocimientos y desarrollan nuevas habilidades. Pero, sobre todo, lo que más destaca de ellos es su actitud. Cada desafío requiere que dejen de lado enfoques anticuados y adopten nuevas formas de pensar y actuar.
4. No saber en qué centrarse
En momentos de crisis, la gente recurre a aquellas personas que muestran tener una sólida presencia ejecutiva y lo hacen para que les guíen y les saquen del caos, de la volatilidad y de la incertidumbre. Para dirigir con eficacia, hay que saber en qué centrarse y hacia dónde dirigir la atención de todos. Un líder que no sepa distinguir entre lo que es esencial de lo que no, no podrá tomar decisiones eficaces. Esta habilidad comienza con tu propia vida a nivel personal. Cuando conozcas tus objetivos a largo plazo y las acciones necesarias, tus valores y trabajes la coherencia, la gente te percibirá como alguien fiable y eficaz. Cuando sabes en qué centrarte durante situaciones de alta presión, te conviertes en una fuerza estabilizadora: un faro en la tormenta, el ancla necesaria para no ir a la deriva.
5. Esperar demasiado para desarrollar la presencia ejecutiva
Muchos aspirantes a líderes creen que la presencia ejecutiva se desarrollará de forma natural más adelante en sus carreras, como por arte de birlibirloque. Te haces más viejo, tienes más presencia ejecutiva. Nunca es tarde pero, cuanto antes trabajes en tu presencia ejecutiva, mejor. Desarrollar esta habilidad al principio de tu carrera te sitúa en una senda de liderazgo más rápida. Cuando te haces respetar desde el principio, aceleras tu camino hacia mayores responsabilidades y oportunidades. La presencia ejecutiva, al igual que el trabajo en red y la inteligencia emocional, se desarrolla con el tiempo. Cuanto antes la cultives, más puertas se abrirán, lo que te llevará a ascensos y puestos de liderazgo. Con cada ascenso, tu presencia ejecutiva se hará más fuerte, impulsando aún más su éxito.
Resumiendo, los errores de la presencia ejecutiva
He aquí un repaso de los cinco escollos que hay que evitar:
1. Asumir que tus logros hablarán por sí solos.
2. Ignorar tus instintos.
3. Caer en viejos hábitos
4. No saber en qué centrarse
5. Esperar demasiado para desarrollar la presencia ejecutiva
Cuanto antes empieces a cultivar la presencia ejecutiva, mayores serán tus posibilidades de éxito. Empieza a trabajar en ello ahora y observa cómo tu trayectoria profesional coje carrerilla.


